En las esquinas de las calles hay botellas, papeles, restos de comida, vómito de niños y de vagabundos borrachos y errantes, que buscan un sitio sin ganas de estar y sin embargo deben seguir estando.
La luz sigue detenida y yo también, más allá de mi ventana se ven sillones y pedazos de madera adornando la esquina de una cancha de barrio, muebles que alguna vez fueron parte de un lugar, de una historia, de un hogar y ahora son parte de una nada, de una calle sin salida, de una basura sin dueño.
Nos parecemos, todos nos parecemos a aquellos muebles callejeros.
Los papeles y plásticos bajo un poste parecieran ser mariposas que vuelan con cada viento insano que expulsan los hocicos de carruajes de plebeyos y de reyes. Yo sobre el mío aún espero que la luz cambie.
Tras el vidrio, dos cachorros juegan sobre los papeles, saltan y se elevan como tratando de volar, como queriendo ser una de aquellas mariposas de la basura y lo que no saben, es que para algunas gentes ya lo son, ya lo decía Silvio “para el resto de la gente un perro muerto es basura” y me pregunto ¿ para un perro que será un humano vivo?
( quizás lo mismo que piensan de él).
La luz cambia, yo también, pero me quedo con la extraña sensación de que para el resto de los perros, un humano vivo es basura.
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